por Secretaría de Comunicaciones | Nov 18, 2025 | Noticias

Por: Federico Antún Batlle
La publicidad estatal tiene un papel fundamental en la construcción de una sociedad más consciente, informada y responsable. En un contexto donde los mensajes comerciales dominan los medios, la intervención del Estado a través de campañas educativas se convierte en una herramienta necesaria para promover valores, orientar conductas y fomentar una cultura de bienestar colectivo.
A diferencia de la publicidad privada, cuyo objetivo es vender productos o servicios, la publicidad estatal busca generar impacto social. Persigue el bien común mediante mensajes que orientan a la población sobre temas esenciales como la salud, la seguridad vial, el civismo, la convivencia y la protección del medio ambiente. En este sentido, cumple una función pedagógica que trasciende lo inmediato y contribuye a formar ciudadanos más responsables.
En sociedades donde persisten desafíos como la violencia, la corrupción, la mala conducta vial o los hábitos que afectan la salud pública, las campañas estatales tienen la capacidad de transformar comportamientos. Un mensaje bien diseñado puede influir en la toma de decisiones cotidianas, desde usar el cinturón de seguridad hasta evitar el consumo excesivo de alcohol o promover relaciones respetuosas en el hogar y la comunidad.
La publicidad estatal también refuerza la educación formal. A través de mensajes simples, repetitivos y visualmente llamativos, puede complementar los contenidos que se enseñan en las escuelas, acercando valores cívicos y morales a toda la población, incluyendo a quienes están fuera del sistema educativo. Así, se convierte en un puente que democratiza el acceso al conocimiento.
Otra de sus funciones esenciales es orientar en situaciones de emergencia o crisis. Durante fenómenos naturales, epidemias o situaciones que amenazan la seguridad colectiva, la publicidad estatal es crucial para transmitir información clara y responsable. Cuando el Estado comunica de manera efectiva, se reducen los riesgos y se fortalece la confianza ciudadana en las instituciones.
Para que este tipo de publicidad cumpla su propósito, debe gestionarse con profesionalismo, ética y transparencia. Los mensajes deben basarse en evidencia científica, respetar la diversidad cultural y evitar cualquier uso político o propagandístico. Cuando se convierte en instrumento partidista, pierde credibilidad y debilita su impacto educativo.
Asimismo, la frecuencia y la calidad del contenido son determinantes. Una campaña aislada tiene poco efecto, pero un esfuerzo continuo, coherente y bien segmentado puede producir cambios reales en los hábitos y actitudes de la población. La publicidad estatal debe adaptarse a los nuevos medios digitales y a las formas contemporáneas de consumo de información, especialmente entre los jóvenes.
En conclusión, la publicidad estatal, cuando se usa con responsabilidad y visión social, es un poderoso instrumento de educación y orientación. Aporta a la construcción de un sano vivir, fortalece el civismo y promueve valores morales que sostienen la convivencia democrática. El Estado dominicano, como cualquier otro, tiene en esta herramienta una vía accesible, efectiva y de alto impacto para influir positivamente en el desarrollo humano y social del país.
por Secretaría de Comunicaciones | Nov 12, 2025 | Noticias

Por Federico Antún Batlle
El alto costo de la vida se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los dominicanos. Los precios de los alimentos, la energía y los servicios básicos se han incrementado, afectando de manera directa el poder adquisitivo de las familias. Enfrentar este fenómeno requiere políticas públicas integrales, no medidas aisladas ni paliativas.
En primer lugar, el Estado debe asumir un rol más activo en la regulación y vigilancia de los mercados. Muchos precios suben sin justificación clara, alimentados por cadenas de intermediación que encarecen los productos. El gobierno puede intervenir fortaleciendo los mecanismos de control de competencia, apoyando cooperativas agrícolas y promoviendo la venta directa del productor al consumidor.
Un segundo eje fundamental es la producción nacional. La República Dominicana depende en exceso de las importaciones de alimentos, combustibles y bienes manufacturados.
Mientras no logremos una mayor autosuficiencia productiva, seremos vulnerables a las fluctuaciones internacionales. Fomentar la agricultura local, la agroindustria y la manufactura ligera no solo reduciría los precios, sino que generaría empleo y dinamizaría las economías rurales.
Otro aspecto crucial es la política energética. El costo de la electricidad y los combustibles impacta todos los sectores. Se impone acelerar la transición hacia fuentes renovables y revisar la estructura tarifaria para hacerla más justa y transparente. Un país con energía cara y poco confiable no puede aspirar a tener una economía competitiva ni una vida asequible para su población.
También se requiere una revisión profunda de la política salarial. Los aumentos nominales del salario mínimo muchas veces no alcanzan para compensar la inflación real. Es necesario establecer un sistema de indexación salarial que preserve el poder de compra de los trabajadores y garantice un ingreso digno. Además, debe incentivarse la formalización laboral, porque la mayoría de los dominicanos trabaja en la informalidad, sin protección ni beneficios.
La educación financiera y el fortalecimiento de las políticas sociales también son herramientas esenciales. El gobierno debe promover programas que orienten a las familias sobre cómo administrar sus ingresos, reducir deudas y aprovechar mejor los subsidios disponibles. Pero los subsidios, por sí solos, no resuelven el problema: deben ser temporales y focalizados, no una práctica permanente que sustituya la productividad.
Finalmente, el gobierno tiene que combatir con firmeza la ineficiencia y el gasto público innecesario. Cada peso malgastado en burocracia o corrupción es un peso que se le quita a la población. La transparencia y la planificación deben convertirse en ejes de la gestión económica.
Enfrentar el alto costo de la vida no es tarea de un solo sector. Es un compromiso nacional que exige visión, coordinación y liderazgo. La República Dominicana tiene los recursos y el talento necesarios para hacerlo. Solo falta la voluntad política de transformar las estructuras que encarecen la vida y limitan las oportunidades del pueblo.
por Secretaría de Comunicaciones | Nov 6, 2025 | Noticias

Roberto Martínez Villanueva
6 de noviembre, 2025.
Señor Esteban Rosario
Periódico Acento
La afirmación misma del Artículo recién publicado por su medio “BALAGUER, EL CAMPEON DE LA DEUDA EXTERNA” lejos de edificar, refleja una ausencia de rigor profesional tal, que a mi juicio y seguramente al de la mayoría de los entendidos en la materia, arroja un sentimiento de animadversión desbordado.
Así como se ha Usted esmerado en recoger la aritmética de los financiamientos concertados durante el período cubierto por su trabajo, por igual omite los factores complementarios que todo análisis debe contener para resultar objetivo.
Lo irrebatible es que la Administración Reformista encontró al llegar al Gobierno en 1966, un país desolado por años de serias adversidades que le llevaron a su estancamiento y a la recesión económica más severa de las últimas décadas.
Ante tal situación, la Administración Balaguer emprendió el programa mas formidable de rehabilitación económica, partiendo del ejercicio de austeridad del gasto y de concentración absoluta a la inversión pública, así como respaldo a la privada. Estas iniciativas de innegable efectividad no han sido mínimamente emuladas por ningún otro gobierno de signo político contrario hasta el presente.
La historia registra como la comunidad internacional acudió en apoyo a la rehabilitación integral de la economía dominicana, convencida de que las medidas extraordinarias llevadas a cabo por el Presidente Balaguer y su Gobierno partían de bases institucionales y técnicas certeras, conducidas con valor y determinación incuestionables, que ameritaban el mayor de los respaldos; haciéndose presente en un gesto de solidaridad ante tan precaria situación.
La primera de esas acciones provino del envío a Santo Domingo de la Misión OEA-BID-CEPAL que consignó la apremiante necesidad de colaboración financiera y técnica hacia el país. Por primera vez, los organismos de cooperación al desarrollo y los países amigos ofrecían sus recursos por su confianza ante la claridad de objetivos y prioridades, como también a su gran firmeza para implementar las medidas requeridas.
Visto así estos aportes externos, ¿se atrevería alguien hoy a cuestionar la utilidad de la Presa de Tavera? ¿ la base productiva -CEA, BNV, FIDE, entre otros? ¿la creación de empresas esenciales y el apoyo al suministro concesionario de alimentos como la PL-480 ?
Para no prolongar estos razonamientos, véase los montos concertados y compárelos con los que hoy abundan. Se verá como con tan poco se hizo tanto que – todavía hoy- conforma el armazón en el que se sustenta la estabilidad que se registra.
Roberto Martínez Villanueva
por Secretaría de Comunicaciones | Nov 5, 2025 | Noticias

Juan Luis Selimán
Lic. Fausto Rosario
Señor Director del periódico ACENTO
Su Despacho
Distinguido Señor Director y amigo:
Al tiempo de saludarle afectuosamente, me permito enviar estas líneas con la finalidad de hacer algunas precisiones relacionadas con el artículo publicado por el señor Esteban Rosario en el medio que usted dignamente dirige.
Dicho artículo titulado BALAGUER, EL CAMPEON DE LA DEUDA EXTERNA, me llama poderosamente la atención, ya que el mismo pretende sin logarlo presentar al Presidente Joaquín Balaguer como un Jefe de Estado que se hubo de apoyar “alegremente” en el endeudamiento externo para financiar sus primeros años de Gobierno, a partir del 1ro de Julio del año 1966.
El autor, llega al extremo de calificar como “mito” el hecho comprobado de que el Presidente Balaguer construyo obras sin tomar prestamos, una constante que aquellos quienes tuvimos la oportunidad de acompañarle en las labores de Gobierno conocimos muy de cerca, ya que el Estadista era extremadamente celoso con la toma de empréstitos, sustentando en más de una oportunidad su tesis de que nadie tenía “derecho de endeudar a las futuras generaciones de dominicanos”.
Creo firmemente que el escrito del señor Esteban Rosario es un ejercicio mal disimulado de desinformación, además de sesgado, orientado a desdibujar la historia y a tratar de dejar mal parado a aquel prohombre, quien se echara en hombros los destinos de la República, precisamente para darle carácter de viabilidad a la estructura productiva de la Nación, organizar las instituciones del Estado, en síntesis a dar forma corpórea a la democracia que existe en el país, una democracia que prácticamente hubo de ser parida con grandes esfuerzos, muy distantes de las simples y vacuas expresiones retoricas de tantos equivocados que la historia se ha encargado de poner en su lugar.
El escrito del señor Rosario no es un análisis de los métodos y mecanismos utilizados por el Gobierno de la República de entonces, y se limita a traer por los cabellos una relación de empréstitos a intereses sumamente blandos y con facilidades de repago que fueron brindadas por los Organismos multilaterales y el Gobierno de los Estados unidos de América a través de la AID, para poner a caminar la desecha si no inexistente maquinaria del Estado Dominicano bajo aquella mano diestra de Balaguer.
Es que el hombre generaba e inspiraba confianza a dichos Organismos y a aquel País, confianza que no fue nunca deshonrada, ya que los dineros facilitados fueron empleados para sacar la República de la ruina moral y económica en que la conflagración armada de 1965 hubo de sumir a la sociedad de entonces.
Los empréstitos tomados por Joaquín Balaguer, no fueron nunca destinados al cuestionable financiamiento de gastos corrientes, ni fueron desgarrados por el terrible pecado de la corrupción administrativa. El Presidente era austero y trabajador, y el ejemplo entonces entro por casa.
Se organizaron las empresas de CORDE, otrora patrimonio del Dictador Rafael Leónidas Trujillo, se dio inicio a un ambicioso programa de construcción de viviendas al través del BNV, se creó el fondo FIDE, se echó a andar el programa PIDAGRO, se construyeron presas hidroeléctricas, se reconstruyo y se estructuro el sistema de las Aduanas y puertos, se capitalizo el Banco de Reservas, se inició la Reforma agraria, se brindó financiamiento y apoyo al sector privado, se llevó la mano amiga del Estado a los más desposeídos a través de la ODC que hubo de ser capitalizada, se inició el sistema de canales de riego, se diseñó el trazado urbano de la Capital de la Republica, se construyeron escuelas públicas, hospitales e instalaciones deportivas, se construyeron aeropuertos internacionales, se creó y fortaleció el INESPRE que funcionaba como organismo de control de precios, se establecieron las bases conceptuales para el cuidado del medioambiente bajo la Doctrina Balaguer de preservación de la casa común, se dieron los primeros pasos para el desarrollo del sector turístico, se fortaleció la infraestructura de los ingenios azucareros del CEA, etc, etc.
Como resultado de aquella política desarrollista, de estímulo a la inversión pública y privada, la Republica Dominicana inicio el camino del crecimiento económico y se encamino hacia la ruta del desarrollo, con mano firme, con objetivos claros, bajo un régimen responsable de firmes decisiones y de austeridad a rajatabla como ejemplo de conducta gubernamental. Era un Gobierno con los pantalones largos y bien ajustados.
Le sugiero al autor de tan desafortunado artículo que profundice, que investigue antes de despacharse con un montón de afirmaciones interesadas que no resultaron felices en su malhadado intento de tratar de calificar al Presidente Joaquín Balaguer como un gobernante irresponsable en el delicado asunto del endeudamiento externo.
Quienes de vez en cuando nos vemos impulsados por la insistente musa que nos obliga a escribir lo que pensamos, tenemos la obligación de ser objetivos, ya que quienes peinamos canas tenemos la responsabilidad frente a la muchachada de ser veraces, aunque nos disguste alguna verdad irrefutable.
por Secretaría de Comunicaciones | Nov 3, 2025 | Noticias

Por: Federico Antún Batlle
La República Dominicana enfrenta una disyuntiva crucial en su modelo económico: continuar apoyando su crecimiento en sectores de servicios como el turismo, las zonas francas y las remesas, o integrar de forma más decidida el desarrollo minero dentro de una planificación estratégica a largo plazo.
Este debate no es solo técnico, sino esencial para definir qué tipo de país queremos construir en los próximos 15 a 20 años.
Durante las últimas décadas, el dinamismo de la economía dominicana ha descansado en actividades de servicios que generan divisas y empleo, pero con escasa capacidad de arrastre sobre el resto del aparato productivo.
El turismo aporta cerca del 16 % del PIB, las zonas francas sostienen miles de empleos industriales orientados a la exportación, y las remesas mantienen el consumo interno y reducen la pobreza.
Sin embargo, estos pilares presentan vulnerabilidades: dependen de factores externos como el flujo de visitantes internacionales, la estabilidad de los mercados globales y la situación económica de los dominicanos en el exterior. Son motores que responden más al entorno global que a la capacidad productiva interna.
El modelo basado en servicios, aunque exitoso en el corto plazo, tiende a reproducir una estructura económica poco diversificada. El valor agregado local es limitado, la productividad se estanca y la desigualdad territorial se profundiza. Las regiones turísticas y francas prosperan, mientras amplias zonas rurales permanecen rezagadas.
Además, la economía se vuelve más sensible a los ciclos globales y a los choques externos —una pandemia, una recesión o una crisis energética— que pueden afectar gravemente los ingresos nacionales y el empleo.
Por otro lado, el desarrollo minero ofrece una oportunidad diferente, aunque no exenta de riesgos. La explotación responsable de los recursos minerales —oro, níquel, cobre y otros— puede generar ingresos fiscales significativos, fortalecer la balanza de pagos y financiar inversiones en infraestructura, educación y tecnología.
Pero para que la minería se convierta en motor de desarrollo sostenible, requiere una gestión estatal eficiente, regulaciones ambientales estrictas y una visión que privilegie la transformación local de los recursos.
No se trata de extraer más, sino de agregar más valor dentro del territorio nacional.
La clave no es elegir entre servicios o minería, sino articular ambos sectores dentro de una planificación nacional coherente. Un plan de desarrollo económico a 15 o 20 años debe vincular la renta minera con la diversificación productiva, invertir en innovación y formación técnica, y aprovechar los ingresos temporales de la minería para fortalecer sectores permanentes, como la agricultura moderna, la industria local y las energías renovables.
La República Dominicana necesita superar la dependencia de flujos externos —turistas, remesas, capital extranjero— y construir una economía basada en la producción interna, el conocimiento y la equidad territorial.
El desarrollo sostenible no puede ser fruto del azar ni de la coyuntura, sino de una estrategia clara, consensuada y de largo plazo. Solo así el crecimiento dejará de ser vulnerable y podrá convertirse en verdadero progreso nacional.