Por: Palowsky Brito

Mientras en las calles de Hato Mayor el polvo de las promesas incumplidas siga siendo el mismo, y los nombres en las boletas se repitan como un eco sin fin, el pueblo seguirá atrapado en un presente que parece pasado. Elegir a los mismos que han administrado el abandono es, en esencia, aceptar que nada cambie.

Es doloroso ver cómo se intenta intercambiar la dignidad por espejitos, tratando a un pueblo con historia y coraje como si aún fuera aquel de los «indios» que mencionas, fácilmente deslumbrado por migajas temporales. El estancamiento no es una maldición del destino, sino el resultado de un sistema que se alimenta de la apatía y del conformismo.

Un pueblo que no despierta es un pueblo que cede su futuro. Para que Hato Mayor florezca de verdad, el cambio no debe venir solo de quien sostiene el micrófono en la tarima, sino de la conciencia del ciudadano que entiende que su voto es el activo más valioso, y que no tiene precio porque representa el bienestar de sus hijos.

Hasta que la voluntad popular no rompa las cadenas del clientelismo, seguiremos viendo los mismos baches, las mismas carencias y el mismo silencio.

El despertar empieza cuando el ciudadano decide que ya ha visto suficiente.