Por: Guillermo Caram.

Los dictámenes del TSE señalaron al PRSC caminos para su reconciliación interna indispensable para recuperar el espacio que puede tener en el espectro nacional ante un gobierno colocado entre la espada y la pared por corrupción y economía.

La pausa dispuesta por la Procuraduría a Odebrecht, en lugar de favorecerlo, conmina al gobierno a actuar por tratarse de sobornos ya admitidos nacional e internacionalmente, presionándolo a aplicar leyes vigentes para sancionar sobornantes y sobornados, funcionarios o no.

Por: Guillermo Caram.

Los dictámenes del TSE señalaron al PRSC caminos para su reconciliación interna indispensable para recuperar el espacio que puede tener en el espectro nacional ante un gobierno colocado entre la espada y la pared por corrupción y economía.

La pausa dispuesta por la Procuraduría a Odebrecht, en lugar de favorecerlo, conmina al gobierno a actuar por tratarse de sobornos ya admitidos nacional e internacionalmente, presionándolo a aplicar leyes vigentes para sancionar sobornantes y sobornados, funcionarios o no.

Odebrecht declaró internacionalmente que sobornó funcionarios por US$92 millones y aceptó nacionalmente resarcir al Estado. En consecuencia, el soborno ya está admitido, confesado, relevando pruebas y procesos; lo que obliga al Gobierno a cumplir no una sino varias leyes-rescindir contratos (art. 11, Ley 340-06), exigir devolución de valores (Art. 66), sancionar funcionarios hasta con destitución (Arts. 80 y 84 Ley 41-08), someter a la justicia sobornantes y sobornados (Ley 448-06) – con el agravante que si no cumple leyes que juró hacer cumplir se hace susceptible de imputaciones sobre connivencia, complicidad o encubrimiento.

El crecimiento económico pregonado, en lugar de provocar satisfacciones populares y regodeos gubernamentales, irrita a la población que no recibe beneficios y avergüenza por lucir activado por endeudamientos, corrupción y tráfico de ilegalidades.

Acaba de anunciarse nuevamente un crecimiento en medio de una deuda creciendo más rápido que la economía, falta de sanciones contra corrupción e impunidad y más personas trabajando informalmente (55% vs 45%); reforzando la percepción de que este crecimiento cuantitativo está activado por endeudamientos, corrupción e informalidad magnificada por tráfico de ilegalidades: sustancias, dinero, armas y personas.

Pero la calidad del crecimiento deja mucho que desear, por no repercutir socialmente. Seguimos afectados por deficiencias fundamentales que debe prestar un Estado que cumpla su cometido y funcione organizadamente: Nuestra educación no mejora a pesar del famoso 4%, servicios de salud empeoran a pesar de seguridad social millonaria, taponamientos consumen tiempo y energías a pesar de grandes inversiones viales, electricidad sigue siendo mala y cara a pesar del “cambio en la matriz”. Nadie se siente seguro en calles ni hogares, el medio ambiente se depreda hasta contaminarnos, carecemos de controles migratorios. La indisciplina fiscal y administrativa merma nuestras capacidades.

 

Por eso es lamentable que reformistas sigan empeñándose “en matar mosquitos” cuando deberían estar “cazando leones” -contrario a predicamentos de Balaguer- sin internalizar sus responsabilidades para cambiar este estado de cosas y sin asimilar aquella admonición de Balaguer: “la democracia dominicana es mejor con un PRSC fuerte” requiriéndose la reconstrucción de un reformismo unido y fortalecido, capacitado para asumir, aquí y ahora, roles similares a los asumidos en 1966 y 1986.