Ing. Federico Antún BatlleUn reformista balaguerista no debería limitarse a llevar el nombre, los colores o los símbolos del Partido Reformista. Debería procurar que su conducta cotidiana sea coherente con los principios que dice representar.

Sería una persona disciplinada, prudente y estudiosa; alguien que antes de hablar procura conocer, antes de decidir procura escuchar y antes de actuar calcula las consecuencias de sus actos.

Del reformismo recibiría la identidad partidaria, la vocación de servicio y el compromiso con una corriente histórica de pensamiento político. Del balaguerismo recibiría la disciplina, la austeridad, el sentido de Estado, la prudencia, la autoridad, el nacionalismo y la visión de largo plazo.

Pero esa simbiosis debe incorporar una enseñanza fundamental de nuestro tiempo: las virtudes de Balaguer deben conservarse; las prácticas incompatibles con una democracia plena deben quedar en la historia.

¿CÓMO DEBERÍA COMPORTARSE?

  1. Poner la República por encima del partido. El partido es un instrumento para servir al país, nunca un sustituto de la patria.
  2. Poner el interés colectivo por encima del interés personal. No utilizar la política para enriquecerse, conseguir privilegios o colocar familiares y amigos.
  3. Ser austero. Entender que ocupar una posición pública no significa vivir por encima de los ciudadanos.
  4. Ser prudente. No reaccionar ante cada provocación. La política requiere paciencia, silencio cuando el silencio conviene y firmeza cuando corresponde hablar.
  5. Ser disciplinado. Respetar las decisiones institucionales, cumplir la palabra empeñada y asumir las consecuencias de sus actos.
  6. Un político ignorante se convierte fácilmente en instrumento de otros. El reformista debe conocer la historia, la Constitución, la economía, la realidad social y los problemas concretos de su pueblo.
  7. Defender la autoridad, pero dentro de la ley. La autoridad del Estado es indispensable para preservar el orden, pero en una democracia esa autoridad tiene como límite la Constitución, la justicia y los derechos ciudadanos.
  8. Construir más de lo que destruye. La crítica política debe estar acompañada de propuestas. El verdadero dirigente deja instituciones, obras, ideas y generaciones mejor preparadas.
  9. No confundir lealtad con servilismo. Ser balaguerista no significa justificarlo todo en nombre de

Balaguer. Significa tener la madurez para reconocer sus aciertos, estudiar sus errores y aprender de ambos.

  1. Mantener dignidad personal. No cambiar principios por cargos, dinero, candidaturas o favores.

LA VERDADERA SIMBIOSIS

En definitiva, el reformista balaguerista sería un ciudadano partidario con mentalidad de estadista.

No sería una copia de Balaguer, porque ningún tiempo puede repetirse. Sería alguien que toma de aquel liderazgo la austeridad sin autoritarismo, la autoridad sin abuso, la prudencia sin cobardía, la disciplina sin fanatismo, el nacionalismo sin intolerancia y la visión de Estado sin abandonar la democracia.

Su lema podría resumirse así:

“Reformista por convicción, balaguerista por conducta y dominicano por encima de todo.”

Esa, a mi juicio, sería la verdadera evolución del balaguerismo: no repetir al hombre, sino convertir sus mejores enseñanzas políticas y morales en una conducta compatible con la República Dominicana del siglo XXI.